Viaje a Moscú. (Parte 1 de 3)

15 03 2011

Hacía ya mucho tiempo que me planteaba cual podría ser el destino de la recientemente implantada “Semana Blanca” que tendríamos de vacaciones en pleno curso. Prácticamente desde que se inició el curso en septiembre, empecé a darle vueltas a la cabeza pensando en qué lugares podrían servir para un viaje de unos 10 días de duración aproximadamente. En noviembre parecía que iba a ser Rumanía y Moldavia, pero más adelante, allá por diciembre, los amigos con los que tenía que ir me dijeron que les resultaría muy complicado poder viajar durante esas fechas por temas económicos.

Pensé que ese revés podría ser una gran oportunidad para realizar el primer viaje en solitario de mi vida, y que así como comencé a preparar una aventura que realmente me motivara al 100%. Tras deliberarlo mucho, aparecieron dos destinos finalistas: Turquía y Rusia. Ambos países me atraían mucho y el hecho de tener que decidir entre uno de ellos parecía que iba a ser algo difícil. Sin embargo, al plantearme la posibilidad de poder ser acompañado por mi madre durante los primeros días y al hablar con ella la decisión fue clara: Rusia.

El precio de los vuelos eran muy similares, siendo Moscú el más económico. A sabiendas de que Rusia era un destino exigente y que requería de una preparación especial decidimos hacernos con los billetes un 24 de enero de 2011, dos días después de la exposición de mi Trabajo de Investigación en la que conseguí emocionar a mis padres. Seguramente, la ilusión que les desperté contando qué significaba para mi viajar fue la clave para que mi madre accediera a acompañarme a una ciudad que ella tenía muchas ganas de visitar pero no a -20ºC.

Al día siguiente de hacernos con tales billetes por 138€ i/v (un precio muy económico) ocurrió algo que a mi personalmente me descolocó mucho. El atentado terrorista en el Aeropuerto Internacional de Domodedovo (al que íbamos) en el que habían muerto una treintena de personas fue motivo suficiente para desvelar la sorpresa de mi inminente viaje a mi amigo y blogger Sele. Él me tranquilizó mucho. Muchísimo. Había ido todo tan rápido que no sabía ni qué pensar, pero por suerte pude conversar con él acerca del tema.

Quedaba un mes justo para el viaje y había mucho qué hacer. El tema más importante de todos y el que nos quitó más tiempo fue la obtención del visado, de lo que ya hablé en un post anterior, pero una vez ya lo obtuvimos, lo siguiente fue reservar un hotel en Moscú para las 4 noches que íbamos a pasar con mi madre.

Moscú es una ciudad cara, algo que se nota perfectamente en el precio de los alojamientos. Pese a que está llena de albergues a buenos precios, los hoteles, y sobretodo las habitaciones con baño privado están a precio de oro. En nuestro caso, encontramos el Basilica Hostel & Hotel, que nos pareció tenía una buena relación calidad/precio. Además, parecía ser un hotel bastante nuevo y que además no era muy grande.

Ya lo teníamos todo preparado, así que solo hacía falta esperar a que el día 24 de febrero llegara…

24/02/2011 – Welcome to Russia! Добро пожаловать в Россию

Tras una semana de nervios, había llegado el día. Y había llegado muy temprano. A las 6 de la mañana estábamos prácticamente en dirección al aeropuerto de Barcelona. Desde la nueva y imponente T1 partía nuestro vuelo a Zúrich a las 9 de la mañana pasadas. Un largo retraso nos hizo llegar muy tarde al aeropuerto suizo, donde tuvimos que correr entre las tiendas Duty Free para llegar a tiempo al vuelo a Moscú.

Tras unas 3 horas y 15 minutos, llegamos a las heladas pistas del aeropuerto de Domodedovo. Sentía un cosquilleo muy especial en mi estómago pues sabía que esas tierras nevadas que sobrevolábamos serían el escenario de mi primera aventura en solitario. No sabía qué me iban a deparar, qué gentes me iban a mostrar, con que problemas me iban a recibir, y sobretodo, con qué experiencias me iban a devolver a mi casa… Estaba pletórico, ¿por qué no decirlo?

Tras pasar por los intensos controles policiales de entrada al país y sellar nuestros visados, fuimos a recoger el equipaje, con la vista al fondo de un gran montón de ramos de flores que conmemoraban el mes exacto que hacía de los atentados. Mi mochila salí con algún cierre roto. La maleta de mi madre también tenia el asa rota.

Salimos al gran hall del aeropuerto de Domodedovo, buscando el lugar exacto para abordar el llamado Aeroexpress, un tren que une el aeropuerto con Paveletsky Vokzal (vokzal significa estación en ruso), una de las muchas estaciones que tiene la enorme Moscú. Perdimos el primero que había pero gracias a la frecuencia del tren -cada 30 minutos-, el tiempo de espera se nos pasó bastante rápido. Tras comprar los billetes (320 rublos cada uno, unos 8 euros) a una mujer que, precediendo a  todo lo que vendría los siguientes días, no sabía absolutamente nada de inglés. Salimos del aeropuerto justo cuando vimos llegar el tren para evitar los -17ºC que hacía a aquellas horas (eran aproximadamente las 19h) y nos montamos en un tren bastante auténtico.

En esos momentos no podía parar de pensar en todas las aventuras que iba a vivir en los próximos días, en cuanto dejara la gran Moscú para adentrarme en la Rusia profunda…

Tras 40 minutos de tren, llegamos a la Paveletsky Vokzal, donde queríamos coger el metro hasta Kitay Gorod, donde se encontraba la parada de metro más cercana a nuestro hotel y que tenía el mismo nombre. No obstante, esa estación nos acabo de dejar claro que nos encontrábamos a otro mundo, o al menos, en otra época.

Perros, gatos y un montón de palomas se aglomeraban junto a decenas y decenas de transeúntes que bajo un tremendo humo del tabaco que tanto se fuma en el país caminaban a toda prisa sin darse cuenta de nuestra existencia. Hacía un frío horrible y no íbamos para nada abrigados como deberíamos. De esa manera decidimos cambiar de plan y coger un taxi hasta el hotel, sin embargo, no sabíamos que encontrar un taxi se convertiría en un experiencia exageradamente inaudita.

Nadie nos hacia caso al preguntar. Nos miraban a los ojos y seguían su camino. Ni los mismos policías nos querían ayudar. Era alucinante. Finalmente encontramos un policía que nos indicó con la mano un señor que parecía ser taxista. Éste nos condujo a toda prisa a la calle, a -20ºC ya. Allí nos hizo esperar un buen rato, mientras nosotros le decíamos que volvíamos a entrar, que no aguantábamos ese frío. La conversación subió de tono. Gritando en ruso, le entendimos que vendría el taxi pero lo que vino fue un señor que sin decir nada se apoderó de la maleta de mi madre y echó a andar por el medio de la carretera helada y cubierta de nieve. Le seguimos, pues parecía ser que era el taxista. Él corría y corría, incluso le tuve que parar para que mi madre no se perdiera entre los innumerables callejones por los que nos estaba llevando a toda prisa.

Finalmente llegamos a un pequeño y antiguo Lada, en el que nos indicó que subiéramos. A partir de allí todo fueros gritos y broncas para que nos llevara a nuestro hotel. El supuesto taxista, que no era más que un particular que nos llevaba en su coche, no tenía ni la más remota idea de dónde queríamos ir. Ni los mapas sirvieron para evitar un buen trayecto que hubiéramos hecho en pocos minutos. Pero fuera como fuere, llegamos. Tras pagarle una barbaridad de rublos y de caerme en la calle debido a un resbalón por culpa del hielo, entramos al albergue.

Allí, nos atendieron de forma brusca y desagradable. Nos llevaron a una habitación que tenía un piso de madera elevado al que se accedía por una trampilla en el techo y en donde había las 2 camas. Era muy curioso… No deshicimos nada, pues entre todo, ya eran las 21h pasadas y el hambre afloraba. Aún nos quedaba otra odisea…

De vuelta a la calle, y con la seca recomendación de la recepcionista, que chapurreaba inglés, de ir a un restaurante llamado algo así como Hans, empezamos a andar procurando no caer de nuevo debido a la capa de varios centímetros de hielo que se había acumulado. La temperatura ya era inferior a los -22ºC pero como nos habíamos abrigado, ya no teníamos tanto frío.

En el restaurante, en el que amablemente entramos a preguntar si todavía hacían cenas, nos atendió una chica que de un grito cansado nos dijo: Nooooooooo! Y nos hechó. Pura hospitalidad rusa…

La poca gente que había por la calle, que era contigua al río, no nos quería ayudar. Pasaban de nosotros como quien oye llover. Pero como por suerte hay gente buena en todo el mundo, unos chicos nos indicaron el camino a un restaurante en el que por fin, pudimos cenar y comentar todo lo que nos había pasado.

Amenizada con un poco de pasta y unos chupitos de vodka más tarde, la conversación no dejaba de girar entorno el mal trato que hasta el momento habíamos recibido. Sólo hacíamos que hablar de si yo realmente me iba a quedar allí… Decidimos dar otra oportunidad al país y a la ciudad y esperar al día siguiente para tomar una decisión, algo con lo que acertamos completamente. Estábamos alucinados de como nos habían tratado y de cómo nos había recibido el país. Algo que jamás, en los 26 países en los que he estado, me había ocurrido.

Pese a “estar” en Europa, el choque cultural había sido uno de los mayores de mi vida…

Simplemente volvimos al hotel y dormimos, pensando y esperando que el día siguiente no fuera como el que habíamos vivido…

(Todas las imágenes anteriores han sido extraídas de Google Imágenes, pues ese día no hicimos fotografías)

25/02/2011 – Atónitos, conquistados y helados; muy helados.

La noche anterior decidimos no poner el despertador, pues imaginamos que nos levantaríamos de por sí solos temprano. Nos equivocamos y nos terminamos levantando de la cama a las 9 de la mañana pasadas.

Tras una breve ducha, nos arreglamos y fuimos a hacer el registro del visado en la recepción del hotel, donde nos dijeron que ya haríamos el pago al día siguiente. Allí, tuvimos la suerte de conocer a una pareja argentina, Cintia y Pablo, que residían en Berlín y que estaban viajando por Europa. Con ellos estuvimos charlando un rato y quedamos en que nos veríamos a lo largo del fin de semana. Era el principio de una buena amistad.

Con nuestros papeles arreglados y con capas y capas de ropa nos aventuramos por las calles de Moscú. Hacía un frío increíble. Deberíamos estar a unos -15ºC y como el sol no lucía en absoluto, no había nada que nos salvara de aguantar esas temperaturas.

Entramos en un pequeño café (КАФЕ) en donde gracias a señas con las manos, pudimos pedir unas tostadas, un zumo y un café.

Seguíamos alucinando por que todavía no nos habíamos encontrado a nadie que hablara inglés (exceptuando a los chicos de la noche anterior). Ni la gente más joven era capaz de decir algo más que hello, thank you o please. Por lo que supimos unos días después, después de mantener una conversación con un mexicano que vivía al sur de Moscú desde hacía 2 años, en Rusia el inglés se imparte de forma obligatoria en las escuelas de primaria desde hace sólo 2 años…

Tras desayunar vino de nuevo ese frío, que se amenizaba totalmente con las ganas de descubrir la ciudad y sobretodo de poner por primera vez los pies en los oscuros adoquines de la Plaza Roja. Como queríamos entrar a ella desde su lado norte, para poder tener esa visión general nada más al llegar, empezamos un rodeo por la zona de Kitay Gorod. Travesamos grandes avenidas y paseamos al lado de grandes edificios de la época comunista que sólo hacían que despertar en mi mucha más inquietud y interés por esa ciudad que apenas empezabamos a desgranar.

Caminamos y caminamos, hasta que finalmente, en la lejanía, pudimos ver unos grandes edificios de color rojízos muy característicos. No había dudas: la plaza roja se encontraba allí.

Como en muchas otras ocasiones al largo de mis viajes, ese momento había sido tan esperado que por necesidad tenía que ser algo especial. Nos acercamos a un arco que servía de entrada al recinto y no pude evitar sentir un escalofrío (quizás fue por el frío hehe) al ver despuntar las cúpulas de la Catedral de San Basilio tras la gente.

Unos pasos más, y allí estábamos, en la Plaza Roja de Moscú, ese lugar en el que tantas cosas habían pasado a lo largo de la historia. En esos más de 23.000 metros cuadrados la vista no daba para contemplar todos y cada uno de los edificios que rodeaban el espacio. A la derecha se enconraban las murallas del Kremlin y el Mausoleo de Lenin; a la izquierda, los impressionantes almacenes GUM con una gran pista de hielo en su entrada; al fondo, la silueta inconfundible de la Catedral de San Basilio, con sus cúpulas de colores; y justo detrás nuestro, el Museo de Historia Natural a la derecha y la Catedral de Kazan, pequeña pero bonita, a la izquierda.

Empezamos a caminar, vislumbrando a ambos lados esos lugares que tantas veces habíamos visto en fotografías y películas. De nuevo, no puedo describir la sensación. Uno siente que está en un lugar importante, en un lugar histórico, en un gran lugar. Uno se siente bien, se siente excitado, feliz, realizado… Es fabuloso!

Pese a la emoción, el frío era difícil de aguantar, así que decidimos rápidamente cual sería la primera visita del día: la Catedral de San Basilio, así que hasta allí, hasta el final de la plaza, nos dirigimos.

La Catedral, de la religión ortodoxa (como la gran mayoría en Rusia), fue mandada construir por el zar Iván el Terrible para homenajear la conquista del estado tártaro del Janato de Kazán (que según mi itinerario, iba a ser mi próximo destino en el viaje). La construcción comenzó en 1555 y duró hasta 1561 y si por algo es famosa esta catedral, a parte de por sus preciosas cúpulas coloridas con forma de cebolla, es por que según dice la leyenda, el zar Iván dejó ciego al arquitecto que proyectó el edificio con tal de que jamás fuera capaz de crear una obra arquitectónica tan bella como aquella. No obstante, no cabé duda que esto no es más que una leyenda, pues años más tarde, Póstnik Yákovlev, que así se llamaba el arquitecto, participó en la construcción del Kremlin de Kazán.

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Al entrar a la catedral, pudimos ver una maqueta de la misma hecha íntegramente en hielo, algo que nos gustó mucho y fue motivo de alguna foto.

Para entrar, hay que pagar en la caja (KACCA) 150 rublos o 50 en caso de ser estudiante. Es una gran ventaja tener el carnet internacional de estudiante (ISIC), pues en la gran parte de los monumentos o lugares históricos de la ciudad hacen grandes descuentos.

La catedral por dentro, al igual que por fuera, es una gran obra de arte. Caracterizada por una laberíntica distribución de sus pasillos, salas y escaleras, es un lugar ideal para aprender algo de la religión ortodoxa rusa. Con su origen en la escisión del Imperio Romano entre Occidente y Oriente, su diferencia más significativa con la religión cristiana católica es que los ortodoxos no creen en la existencia del purgatorio. Además, piensan que serán juzgados únicamente cuando llegue el Juicio Final y no antes. En general, se dice que es una religión mucho más pasional, como veríamos al día siguiente cuando sin querer, nos colamos en una misa.

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Los retablos, que no pueden ser fotografiados (algo a lo que costó resistirse), son de una belleza sobrecogedora ya que están repletos de detalles dorados y de muchos otros colores.

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Tras la visita a la Catedral que hicimos más rápido de lo previsto ya que su temperatura interior no distaba mucho de la exterior, nos encaminamos rápidamente a buen resguardo en uno de los centros comerciales más bellos que jamás he visto: los GUM.

Los almacenes GUM (ГУМ), reciben este nombre por las iniciales en ruso de “Principales Tiendas Universales”. Construido entre 1890 y 1893, sirvió como centro comercial durante los años previos a la Revolución. Sin embargo, durante la época soviética sirvió primero para albergar tiendas estatales en las que la gente, tras largas colas, canjeaba bonos por alimentos básicos de primera necesidad.  Más tarde, por órdenes de Stalin, el centro se convirtió en un gran complejo de oficinas y cuando murió su esposa, se convirtió en un enorme mausoleo.

En 1953 se empezó a privatizar y finalmente su usó para lo que había sido concebido: como un gran centro comercial.

Hoy en día es difícil imaginar como era el centro durante la época comunista, pues la gran cantidad de tiendas de las mejores marcas del mundo lo hacen algo impensable. Gucci, Dior, Channel, Armani, Versace y muchas marcas más son las que ahora aparecen el los rótulos en los que no hace mucho tiempo sólo se podía leer pan, arroz, agua o calzoncillos. Increíble…

Tras tomar un zumo de tomate en el bar del supermercado de los almacenes, y al ver que el tiempo se nos echaba encima, decidimos salir de nuevo a la calle para visitar otro de los grandes sights de la ciudad: el Kremlin.

Salir de nuevo fue un golpe helado en la garganta. El frío era tal que incluso el vaho se helaba en la braga que nos cubría el cuello y el pelo se endurecía raramente. El camino era corto, y una vez llegamos a la torre de la Trinidad, la que sirve como entrada para los visitantes, compramos las entradas que no eran nada baratas (300 o 150 rublos para estudiantes). Escogimos una entrada que nos daba acceso a la mayoría de los sitios de interés excepto la Armería, que también es espectacular pero decidimos no visitar.

Penetrar en el Kremlin de Moscú es algo muy especial. Igualable a entrar por primera vez en la Plaza Roja, el Kremlin aporta una sensación de estar en un lugar muy importante.

Construido a partir del siglo XI, el más famoso de los kremlin rusos fue el lugar donde se asentaron los primeros habitantes de Moscú. A partir de 1300 se construyeron los primeros grandes edificios religiosos, como la Catedral del Arcángel Miguel (1333). Tras ser la residencia de los zares durante un buen periodo de tiempo, después de la Revolución fue ocupada por el gobierno soviético y algunas de las catedrales fueron derruidas para construir edificios oficiales. Se prohibió la entrada a los ciudadanos y se retiraron las águilas bicéfalas de lo alto de las torres de la muralla, sustituyéndolas por estrellas rojas.

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Poco a poco, el kremlin fue reconstruyéndose y fue reabierto a las visitas en 1955. En 1990 fue incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad y actualmente es uno de los lugares más visitados de toda Rusia.

Nuestra visita se centró en la zona de las catedrales, que es la más interesante de todo el recinto.

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Primero de todo, tras sortear un enorme edificio de estilo soviético, nos situamos en la plaza central para ver todo el panorama en general. La primera iglesia a la que entramos fue la Catedral de la Asunción. Más tarde visitamos la Catedral del Arcángel Miguel, la Catedral de la Anunciación, la Iglesia de la Deposición del Manto y el Campanario de Iván el Grande.

Es una lástima que no se puedan tomar fotografías del interior de las catedrales porque son realmente espectaculares. Los frescos que recubren todas las paredes y las columnas hacen cada catedral única y diferente a las demás.

Tras estas visitas y con ganas de seguir visitando más lugares de la ciudad, salimos de la plaza y nos encontramos con dos monumentos muy conocidos del kremlin:

En primer lugar vimos el cañón más grande del mundo, el Tsar Pushka, de 38 toneladas de peso y más de 5 metros de largo. Más adelante vimos la campana más grande del mundo, la Tsar Kolokol, característica por estar rota debido a una gran caída en 1737.

El tiempo en el Kremlin se agotaba y cada vez, la tarde y la noche se encontraban más cerca, así que para acabar de aprovechar el día, nos dirigimos hasta nuestro último destino: la Catedral del Cristo Salvador. Hace un tiempo vi unas fotografías de Moscú en el blog de un fotógrafo y viajero, Ignacio Izquierdo. Entre las muchas, hubo un par que me sorprendieron y se trataban, claro, de la Catedral en cuestión.  Así pues, no tenía dudas de que ésta iba a ser uno de los lugares visitados durante la estancia en la ciudad.

Y el momento había llegado. Caminando bajo un frío que aumentaba a cada minuto, fuimos bordeando el río Moscova, que se encontraba totalmente helado, hasta llegar a la gigantesca, titánica, exuberante y majestuosa Catedral del Cristo Salvador, situada a la orilla del río.

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La historia de esta iglesia es muy interesante: construida originalmente entre 1839 y 1860 para conmemorar la victoria rusa sobre el ejército de Napoleón, fue saqueada y posteriormente derruida por Stalin para poder construir en su emplazamiento un palacio para los sóviets de grandes dimensiones. El proyecto nunca se llevó a cabo, así que el gran socavón que dejó el hundimiento de la catedral sirvió como piscina. No fue hasta 1995 que se empezó la reconstrucción de la actual, a imagen y semejanza de la original. La nueva obra costó más de 350 millones de dólares, algo que es perfectamente perceptible una vez se entra (entrada gratuita).

Adjunto un curioso vídeo (no sé si se trata de una grabación real o de una reconstrucción cinematográfica, aunque me decanto por la primera opción) del momento en el que se voló por los aires la antigua catedral:

El interior, del que no se pueden sacar fotografías es sencillamente espectacular. Sin duda se trata de la Catedral más impactante que jamás haya visto en la vida. El gran espacio, la gran decoración, la gran devoción de los fieles que allí había… Un súmmum que me llegó al corazón. Realmente era tan bello, que alguna que otra lágrima se escapó. Y soy ateo, sí. Pero eso da igual, pues creo en el arte, y en las personas y lo que allí había era arte y humanidad. Algo impresionante, quizás lo que fue el momento más especial del día…

Tras la visita, el cielo ya estaba oscureciendo, así que nos dirigimos a cruzar el puente para llegar al metro. No obstante, la visión que nos ofreció ese lugar fue aún más alucinante. El río helado, las farolas encendidas, un cielo azul intenso, a lo lejos el Kremlin, al otro lado la gigantesca estatua de Pedro el Grande… Era maravilloso. Allí nos estuvimos un buen rato, contemplando el paisaja hasta que el frío y sobretodo el cuerpo nos dijo basta.

Rápidamente fuimos al Metro en donde por nuestra sorpresa, no vimos esas estaciones tan bellas de las que habíamos visto alguna imagen (eso llegaría al día siguiente).

Nos bajamos en la zona del teatro Bolshoi, al que sacamos unas fotografías antes de volver a entrar a uno de los muchos centros comerciales que tiene la ciudad más cara de Europa y, en algunos rankings, más cara del mundo.

Estábamos muy cansados, pues con el frío y todo, habíamos caminado un buen rato, así que volvimos de nuevo a la Plaza Roja que nos sorprendió con un juego de iluminaciones precioso:

Compramos algo de comer en un supermercado y nos dirigimos de vuelta al albergue. De camino (casualidades de la vida), nos encontramos con Cintia y Pablo, los argentinos que habíamos conocido por la mañana. Decidimos cenar juntos en el albergue y así lo hicimos. Estuvimos hablando varias horas e incluso quedamos para vernos en Barcelona el fin de semana siguiente. Yo no iba a estar, pues según mis cálculos me encontraría en alguna ciudad del Anillo de Oro Ruso, pero cosas del destino quisieron que yo estuviera ese sábado con ellos en Barcelona. Su compañía fue mi agradable durante todo el viaje, y la relación de amistad fue in crescendo. Ahora son buenos amigos nuestros.

Tras la sobremesa, nos despedimos hasta el día siguiente, en el que los planes no cesaban, pues la inabarcable Moscú tenía muchas más cosas que ofrecernos. Si al día anterior me hubiera ido de inmediato del país, ese día sentía un gran gusanillo en el estómago, que confundido con los nervios, se trataba de las ansias por descubrir más y más de un país espectacularmente alucinante.

Sólo deseaba que el mañana llegara…

En el próximo capítulo: nuestros dos días completos restantes en la capital de Moscú, los imprevistos, las soluciones y finalmente, el gran cambio de planes que cambió totalmente el destino de la aventura…

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NOTA: Esa entrada se tenía que haber publicado ayer pero debido a un problema con la fecha de WordPress, la autopublicación falló y no me di cuenta hasta ayer por la noche… ¡Lo siento!


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23 responses

15 03 2011
Helena

Jolín, menuda entrada en el país… Que gente más seca, ¿no?
Ahora, el segundo día, parece otro cantar. Menudas fotos de la plaza roja iluminada. Son preciosas.
Un saludo

15 03 2011
Isabel (Diario de a bordo)

Menuda telita con los rusos, todo hospitalidad, eh?
Igualmente eso de que no hablen ni papa de inglés me ha molado mucho, tengo ganas de ir a un país en el que no me pueda entender con la gente… que cosas!

Preciosas las fotos!

15 03 2011
Antonio Aguilar

Hola campeón!

¡Menuda entrada! Entran ganas de chascar lo dedos y aparecer de repente allí, ¿a quien le importan los veinte bajo cero? jeje.

Pues eso, entre las geniales fotos y el detalle de los textos, me han dado todavía más ganas de conocer Moscú. Ya me hubiera gustado verte exponer tu trabajo, seguro que los dejaste a todos de piedra!

¡Un abrazo compañero y a seguir así!

15 03 2011
Amaia

Vaya fotos, tiene que ser increíble verlo allí en persona! Qué tal el frío? Es que a mi me gustaría conocer Moscú en invierno, el olor de la nieve, todo helado… pero… uf no se si aguantaría.

Sigo atenta a vuestras andanzas..

Un saludo, Amaia!

15 03 2011
btc93

Pues hoy si que ha funcionado la autopublicación! hehe
Aprovecho para responder a los últimos comentarios:

– Helena: Pues sí Helena, el primer día fue tremendo… Una entrada triunfal! hehe Muchas gracias por lo de las fotos, la verdad es que hacerlas tenía su gran qué porque cada vez que sacaba las manos de los bolsillos se me helaban hehe! Muchas gracias y hasta pronto!

– Isabel: Pues si.. Nada de nada… Estoy contigo! A mi, que no hablaran inglés y que sean las señas lo único que te permita comunicarte es genial, forma parte de la aventura del viajar! Aunque hay momentos que e demasiado difícil… Muchas gracias y un abrazo!

– Antonio: Hey Antonio! Pues sí, a mi, habiendo estado, también me entran las ganas de volver de inmediato. Creo que hasta que no vuelva a Rusia y vaya un poco más allá de Moscú (si puede ser, no tan poco hehe) no me quitaré esta espinita que tengo clavada! Por cierto, te tengo que pasar el Trabajo, qué irresponsable que tienes que pensar que soy… Te juro que en cuanto pueda te lo envío! Ahora tengo que hacer la presentación delante de todos los colegios de la comarca hehe!
Otro gran abrazo para ti! Gracias.

– Amaia: Pues sí.. es increíble y el frío se te quita de la emoción… Aunque claro está que no es lo mismo que visitar esos lugares a 30 graditos… Coincido en ti en que es muy acertado visitar la ciudad en invierno, inevitablemente, cuando pensamos en Rusia se nos viene a la cabeza el blanco de la nieve… Muchas gracias Amaia! Hasta pronto!

17 03 2011
Ku

Vaya frío, amigo! Puedo sentirlo incluso desde la cama, donde ahora mismo estoy (he cogido un buen gripazo, al parecer “regalito” doble por los que no pillé el año pasado) tapada hasta arriba de mantas!!

No puedo ocultar que me “preocupa” un poquito lo que cuentas de la famosa “hospitalidad” rusa… pero bueno, ¡sólo con ver tus fotos (maravillosas, como siempre) de la plaza roja, creo que merece la pena pasar por ello!

Por cierto, hablas del juego de luces pero, ¿qué es esa gran “nube” que se ve detrás de la Catedral? Parece artificial… ¿lo es?

Sigue contando!!!!

17 03 2011
btc93

Hola Ku!

Antes de nada, a ver si te recuperas.. Supongo que tanto tiempo con el calorcito de Asia no se te ha querido perdonar hehe!

Para qué lo vamos a negar.. Los rusos son muy rusos, aunque se dice que en verano todo es bastante diferente… Y a pesar de los pesares, vale ABSOLUTAMENTE LA PENA! Por lo poco que he visto, el país me ha maravillado. Hay historia en todas partes, en una simple papelera con el martillo y la hoz se puede apreciar el pasado tan impresionante que ha vivido Rusia. Como sé que te gusta la historia, vas a flipar! ¿No se nota verdad, que me muero de ganas por viajar por Rusia? hehe

Tienes razón, es algo que veríamos todos los días… Pues lamentablemente es humo artificial. Si hay algo increíble en Moscú, a parte de sus maravillas, son las gigantescas fábricas que se sitúan en medio de la ciudad. Las grandes chimeneas y su humo son visibles desde muchos puntos de la urbe, desde la Plaza Roja se puede apreciar esto…

Espero que se te haya abierto aún más el apetito de Rusia hehe!

Muchas gracias y un abrazo!

22 03 2011
Alfonso

Si … la verdad que mejor visitar Moscú en verano (Junio ya está bien) y no con -20ºC 🙂 … jajaja …
Gracias por compartir.

Te invito a visitar mi nuevo blog de viajes en http://www.thewotme.com

Hasta pronto!

24 03 2011
Dany

Hola Blai, veo que tuviste un primer día intenso, al menos ha sido una primera toma de contacto bien aprovechada jejeje. Ya nos contarás que tal los siguientes días.
Por cierto las fotos nocturnas son una pasada!
Saludos.

28 03 2011
Victor asturias

Hola Blai,

La verdad que se me quitan las ganas de ir a Rusia…y más sabiendo ya lo que va a pasar en la segunda parte. Lo sentí mucho.

Un abrazo.

30 03 2011
Lola

Me ha encantado tu post y tu blog en general!!

Te invito a mi cuaderno de bitácora

Living to travel

Saludos de otra viajera!!

31 03 2011
Lola

Por cierto si quieres que compartamos links ( tu me enlazas en tu blog y yo lo hago en el mío ) estaría encantada!!

Saludoss

6 04 2011
José Carlos DS

Me ha encantado esta primera entrada sobre Rusía, llevaba tiempo queriendo leerla pero no he podido sacar tiempo hasta hoy jeje tengo muchísimas ganas de visitar Moscu, a ver cuando se da la oportunidad.

Saludos !!!

PDT: Deseando saber donde te vas en Semana Santa XD

6 04 2011
btc93

Hola amigos… Tengo un poco olvidado este post, voy a responderos:

– Alfonso: Seguramente tienes toda la razón del mundo! Me gusta mucho tu web, ese artículo sobre el Baikal me ha encantado! Cuando tenga un momento te añadiré en la barra lateral.

– Victor: No por favor! De verdad, no quiero que se le quiten las ganas a nadie de visitar ese país tan fascinante! De verdad lo digo eh! A la mínima que pueda voy a intentar volver. Muchas gracias Victor, un abrazo!

– Lola: Muchas gracias Lola! Perfecto, me ha gustado mucho tu blog. Lo añadiré!

– José Carlos: Gracias, José Carlos! Tranquilo, a todos nos pasa en mayor o menor medida… Es inevitable perderse alguno de los blogs tan fantasticos que hay. Vi que publicaste el final de Paris… Ya sabes, también lo tengo pendiente hehe. Claro que si, cuando puedas visita Moscú! Es genial! Lo de Semana Santa lo sabremos el lunes, aunque si te quieres animar a adivinar algo heheh… Un abrazo!

Pues muy pronto estará lista la segunda y última parte del viaje a Moscú, ya me queda poco para terminarla, así que estad atentos!

14 04 2011
Viaje a Moscú. (Parte 2 de 3) « Una vida en Mil Viatges

[…] iglesias, templos y catedrales fueros derruidos y saqueados, tal y como os pude contar en el capítulo anterior sobre la Catedral del Cristo […]

18 04 2011
lomejorestaporllegar

Muchas gracias

Nos viene de perlas tu relato para una visita relampago a moscu que vamos a hacer.

Un abrazo

18 04 2011
btc93

Hola chicos, si os soy sincero, he seguido vuestro blog alguna vez, sobretodo con vuestro viaje a la India! Me pareció sensacional y sobretodo las fotografías eran maravillosas!

Me alegro que os pueda servir este diario inacabado, pronot lo terminaré pero el último día visitamos lugares poco convencionales que en una visita relámpago de escala no merece la pena visitar.

Os diría que lo imprescindible es el Kremlin, la Plaza Roja, la Catedral del Cristo Salvador y si os da tiempo el Convento de Novodevichi. En un día es posible hacerlo.

Que vaya muy bien vuestro viaje por China, Tibet y Nepal (y Moscú, hehe)!

29 04 2011
Viaje a Moscú. (Parte 3 de 3. Final) « Una vida en Mil Viatges

[…] con nuestros amigos argentinos y nos fuimos al bar al que habíamos llegado desesperados el primer día a cenar algo, esta vez con mucha más calma. La conversación giró casi todo el rato en la futura […]

10 05 2011
Victor

Buenas Blai! que tenía pendientes estos relatos todavía… Menuda entrada triunfal al país!! con tropezón y todo jejeje… me río pero la verdad que no tiene gracia llegar de nuevas a un sitio y que el trato sea tan malo, encima con ese frío…

De todas formas veo que al menos disfrutaste de lo lindo visitando la plaza roja… Que entusiasmo chico!!! A mi me recuerda un poco a la plaza de Tiananmen… el mausoleo, la ciudad prohibida…

Espero que pueda visitarlo pronto porque me has puesto los dientes largos…

Voy a por el siguiente relato…

Un saludo!

16 05 2011
btc93

Pues si, Victor, fue una entrada triunfal de esas que se recuerdan por mucho tiempo… Y no, no es nada agradable, pero bueno… Siempre le quieres dar otra oportunidad al lugar.
Tienes toda la razón del mundo, a mi también me recuerda a Tiananmen, aunque son lugares muy distintos al final, pues se ve que la Plaza Roja es mucho más antigua…
No se porqué pero me da la sensación de que vas a poder visitar esta ciudad y este país muy pronto… A ver si es así, que sería genial tener más visiones acerca de los rusos!

Gracias por entretenerte leyendo!

20 05 2011
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