Viaje a Moscú. (Parte 2 de 3)

14 04 2011

26/02/2011 – La primera impresión no es siempre la buena.

Inevitablemente nos volvimos a despertar más tarde de lo previsto. Sin embargo, el día se presentaba bastante tranquilo, pues nuestros planes no iban a ser muy ambiciosos. Queríamos entrar a ver el mausoleo de Lenin y esperar hasta que a las 14 hicieran un desfile militar en la Plaza Roja, algo que habíamos leído en la Lonely Planet. La siguiente parada sería el Convento de Novodevichi, algo más alejado del centro, y si todo iba bien, iríamos a comprar billetes de tren para ir al día siguiente hasta la ciudad de Vladimir, en el Anillo de Oro.

Pero como el viaje es siempre vencer obstáculos, el único plan que se cumplió fue el de visitar el Convento de Novodevichi, así que fue un día totalmente improvisado por las calles moscovitas que finalmente nos llevó a lugares bastante interesantes y que tampoco hay que dejarse en el tintero en una visita a la ciudad.

Lo primero que hicimos, tras desayunar en el mismo bar que el día anterior, en el que de nuevo, nos entendimos con las camareras con señas, fue emprender camino hacia la Plaza Roja. Esta vez, sin embargo, decidimos ir por ul Vavarka, la calle en la que se encontraban varias iglesias ortodoxas y algún convento que tampoco deben ser pasados por alto. El Monasterio del Signo, la Iglesia de Sn Máximo Bendito i finalmente la Iglesia de Santa Bárbara, en al que entramos para presenciar una misa ortodoxa realmente interesante, fueron el preludio para un día que nos iba a llevar a los lugares menos religiosos de toda la ciudad. Y es que como ya es bien sabido, los ideales del comunismo incluyen un fuerte laicismo o ateísmo que fue muy presente en la Unión Soviética, sobretodo en el periodo estalinista, en el que miles de conventos, iglesias, templos y catedrales fueros derruidos y saqueados, tal y como os pude contar en el capítulo anterior sobre la Catedral del Cristo Salvador.

Y sin detenernos más, llegamos de nuevo a la Plaza Roja donde nos volvimos a hacer algunas fotos. La sensación era otra vez estremecedora… Qué maravilla! Nuestra intención era de ir directamente al mausoleo de Lenin, pero tras intentarlo en dos ocasiones, terminamos entendiendo que se encontraba cerrado hasta abril o mayo ya que se encontraba en plena restauración. Teníamos bastante curiosidad por poder ver el cuerpo de Lenin, pero como tampoco era algo que nos motivara muchísimo, no nos preocupamos mucho, aún sabiendo que probablemente no lo veamos nunca, pues es muy probable que el cuerpo sea finalmente enterrado por petición de la familia.

Como el plan de poder ver a Lenin se nos esfumó rápidamente, tuvimos que buscar una alternativa para poder ocupar la mañana, antes de regresar a la Plaza para presenciar el desfile militar que se suponía que iba a haber. Rápidamente ideé un plan que contentó tanto a mi como a mi madre. Iríamos a la calle Arbat, una calle peatonal que alberga tiendas y cafés en los que pasear tranquilamente. De allí, podríamos acercarnos a alguno de los enormes bloques comunistas que hay en la ciudad. Estos grandes rascacielos son ni más ni menos que 7, llamados los Siete Hermanos por su gran parecido. Fueron construidos por el afán de grandilocuencia de Stalin durante la etapa final de su mandado (1940-1950).

Así pues y con este plan, nos encaminamos por grandes avenidas heladas y dejando atrás la impoluta zona de Kitay Gorod. Se notaba que nos alejábamos del centro histórico de la ciudad, pues cada vez se veía todo más dejado y sucio. Pero si hay un sentimiento que nos rodeó durante todo el viaje a Moscú, este no fue otro que el aire de antiguo que tiene todo, absolutamente todo. Se trata de una ciudad muy excéntrica, muy curiosa, muy sorprendente.

Llegamos a la peatonal Arbat y pudimos apreciar que se trataba de una zona más enfocada al turismo ya que estaba repleta de tiendas que, a lado y lado de la calle, vendían gorros típicos rusos, matrioshkas y recuerdos de la era soviética. También pudimos darnos cuenta de algo que ya habíamos visto los días anteriores y que acabaríamos de certificar durante todo el viaje: la mayoría de los trabajos menos pagados, como los de barrendero o repartidor de propaganda los hacen rusos de otras partes del país como pueden ser Buriatia ya que pudimos apreciar sus inconfundibles rostros semejantes a los de los mongoles.

..

La calle se fue acabando, y finalmente llegamos al gran, enorme, titánico, gigantesco Ministerio de Asuntos Exteriores, uno de los siete hermanos que pueblan la ciudad de Moscú i que fueron otros de los muchos sueños que tuvo Stalin.

De allí, nos dirigimos hasta el río, que con los meandros accidentados crea divisiones en medio de la ciudad muy curiosas. Lo estuvimos bordeando un buen rato, y el objetivo de llegar al Hotel Ukrania se desvaneció al ver la distancia que había hasta él. Sin embargo, le sacamos alguna foto ya que su perfil emergiendo de entre los edificios bajos humeantes no tenía desperdicio. Cada vez me gustaba más ese país.

Decidimos que ya era hora de volver a la Plaza Roja, para poder asistir al desfile, pero esta vez volveríamos en metro.

De sobras es conocido que el metro de Moscú se considera uno de los más bellos del mundo, denominación que cobra todo sentido una vez se está dentro de las galerías decoradas con miles de mosaicos de la época comunista que realzan el poder de las personas trabajadoras o los más altos cargos de la Rusia Soviética. Se trata de un museo subterráneo que no hay que perderse, y pese a que fuimos avisados en dos ocasiones por los corruptos policías de no hacer fotografías, nos costó resistirnos a la tentación.

Una vez en la Plaza Roja, nos dimos cuenta de que no había ningún desfile militar. Preguntando a los guardias que custodian el mausoleo de Lenin por señas acabamos comprendiendo que ni lo había habido ni lo habría. Así que cuidado con lo que ponen las guías de viaje, que a veces pueden ser muy útiles y otras no tanto…

Comimos en un McDonald’s del centro comercial Okhotny Ryad un centro comercial subterráneo mucho más austero y asequible que el GUM y que también se encuentra cercano a la Plaza Roja. Allí nos marcamos el siguiente objetivo, el que no podía ser pasable de ninguna de las maneras: el Convento de Novodevichi. Así que tras esa comida, volvimos al Metro para tomar la línea roja hasta la parada de Sportivnaya, la más conveniente y cercana para ir hasta el convento.

Breve nota sobre el metro de Moscú: Como la gran mayoría de lugares que visitamos durante los casi 5 días que estuvimos en Moscú, en el Metro no hay nada escrito en inglés ni siquiera en alfabeto latín, por lo que es muy necesario tener algún conocimiento del alfabeto cirílico para al menos, poder identificar las 3 primeras letras de los nombres de las palabras para no despistarnos. Por suerte se me da bastante bien entender los metros, así que no nos equivocamos en ninguna ocasión, pero no hubiera sido nada difícil que ocurriera. La salida tampoco está señalizada en inglés, por lo que conviene aprenderse estos carácteres: выход. De esta manera y sobretodo con paciencia y sin prisas se pondrá llegar a cualquier parte de la ciudad ya que la red de metro es excelente en lo que a cantidad de líneas se refiere.

Llegamos a Sportivnaya y salimos a una zona que me recordó de immediato a la película Goodbye Lenin. Estábamos en una zona residencial típicamente soviética, repleta de edificios con la mera utilidad funcionalista y donde casi no había ni una alma. De nuevo, regreso al pasado que no había podido vivir yo.

Si dijera que nos fue fácil encontrar el convento mentiría. Pensaba que lo íbamos a encontrar de inmediato pero no fue así, pues tuvimos que cruzar calles y más calles a cada una más singular. Sin embargo, finalmente llegamos y como si fuera una recompensa al esfuerzo acometido, empezó a despuntar algún rayo de sol que incidía de una forma sublime sobre el color rojizo del convento.

Teoricamente hay que abonar una entrada (bastante cara, por cierto) para poder penetrar al complejo, pero com prácticamente no había nadie en él, sólo algún grupo de abuelas o babushkas, decidimos pasar al interior sin pagar nada. La primera  parada fue el lavabo, que no era más que una cabaña helada donde había los servicios tanto de hombre como de mujer. El agua de los WC estaba congelada, así que fue algo divertido tener que orinar allí hehe…

Y tras esta pausa, empezamos a deslumbrarnos con la belleza y la tranquilidad del lugar. Lejos del centro de la ciudad, el convento parece una isla de paz en medio del caos. Nieve por doquier, edificios muy bonitos y una luz perfecta para sentirse tranquilo y desasosegado.

..

El convento fue fundado en 1512 y sirvió de segunda residencia de la hermanastra de Pedro el Grande durante el tiempo en el que ella fue regente. Esta fue encarcelada por Pedro y se dice que fue encerrada en el convento, donde se mandaron ahorcar a muchos revolucionarios de la revolución streltsí.

....

Algunos de los edificios más importantes del convento son: la iglesia de la Transfiguración, la catedral de Smolensk, la iglesia de la Asunción, la iglesia de San Ambrosio y la torre del campanar, imagen prototípica del conjunto.

Tras la visita, fuimos a dar una vuelta por el cementerio de Novodevichi, donde se encuentran las tumbas de personajes tan ilustres como Chéjov, Stanislavski o Eisenstein. Más tarde, rodeamos el lago que hay junto al convento y que durante esos días se encontraba totalmente helado y cubierto de una densa capa de nieve. Era tanto el frío que había gente esquiando o patinando en el lago.

Desde allí pude tomar bellas fotografías:

El día había sido agotador, pues habíamos andado mucho y tras entrar en un bar y ser echados a la calle de nuevo, decidimos que por ese día ya había habido suficiente. Volvimos en metro al centro.

Durante la noche, estuvimos cenando con nuestros amigos argentinos, con los que conversamos sobre el carácter de los rusos. Ellos opinaban lo mismo que nosotros. Quedamos para el día siguiente a las 8 de la tarde para ir a cenar juntos ya que ellos se iban por la noche en vuelo nocturno a Berlín, donde vivían. Tenían planeado visitar Barcelona el fin de semana siguiente, así que mi madre se ofreció para mostrarles la ciudad mientras yo estuviera quizás en San Petersburgo, pero como todo el viaje fue totalmente improvisado, acabé en Barcelona con ellos ese fin de semana.

También decidimos que nos íbamos a quedar en Moscú y que no iríamos a Vladimir, cosa que ya haría yo en los próximos días, pues tenía todo el tiempo del mundo. El día había terminado, había sido un día tranquilo pero que jamás pensé que sería el penúltimo en Rusia.

 Tras una botella de champán compartida con muy buena gente y enfriada gracias a los poderosos -20ºC que se respiraban en el ambiente, nos fuimos a dormir. Mañana nos esperaba un día muy especial y muy agitado. Un punto de inflexión que cambió nuestro destino.

En el próximo capítulo: De nuevo, un día totalmente improvisado se convirtió en el más excitante. La visita insólita a lo que aún queda del pasado comunista de la ciudad me apasionó, pero pese a esta increíble experiencia, el día se truncó de tal manera que todos los planes se vinieron abajo de inmediato…


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10 responses

15 04 2011
Edu y Eri

Blai!

Hoy mismo volamos a Rusia para visitar Moscú y San Petersburgo. Los dos capítulos que llevas publicados son han sido de mucha utilidad, aunque nos ha decepcionado un poco saber que es más que probable que no podamos ver a Lenin… Como historiadores que somos nos hacía ilusión, pero al fin y al cabo el viaje tiene muy buena pinta y eso no nos quita la sonrisa ni un instante 🙂

Un abrazo y a la vuelta echaremos un ojo a tu tercer capítulo ^^

P.D: Pásalo bien en Tierra Santa!

16 04 2011
Helena

¡Hola Blai!
¡Genial entrada! Me han parecido preciosas las fotos del lago helado… y muy útil lo del metro, yo sería de las que se pierde… ¡seguro!
Un saludo

18 04 2011
Victor asturias

Hola Blai,

Me ha gustado mucho el relato, la forma que tienes para transmitir las experiencias. Las fotos soberbias, en especial las del Convento de Novodevichi con la nieve. Quizás Rusia merece una oportunidad…

Un abrazo.

18 04 2011
PREPARATIVOS CHINA-TIBET-NEPAL 2011 « Lo mejor esta por llegar

[…] UNA VIDA EN MIL VIATJES […]

18 04 2011
José Carlos DS

Uno de los alicientes que más me llaman de Moscú es su arquitectura, precioso el Hotel Ukrania y como era de esperar la Plaza Roja con ese ambiente invernal.

Totalmente de acuerdo con Sportivnaya y su similitud a lo que podemos ver en Goodbye Lenin, me ha dado la misma impresión incluso antes de leerte.

Esperando las siguientes entradas, aunque ahora solo puede desearte que tengas buen viaje, seguro que te lo pasas genial por Israel y Palestina 😉

Saludos!!!

18 04 2011
btc93

Hola amigos, aprovecho que tengo todavía un rato para tener que ir al aeropuerto para contestaros:

– Edu y Eri: Seguro que ahora ya estáis disfrutando de alguna de estas dos ciudades rusas que tan buena pinta tienen! Pues es una lástima lo de Lenin, espero que lo podáis ver! En fin, que acabéis de tener un muy buen viaje!

– Helena: hahah No creo que te pierdas… hehe Muchas gracias por lo de las fotos, son mis preferidas de todo el viaje, y es que parece que el sol salió expresamente para alumbrar mágicamente las doradas cúpulas del convento… Fue un momento precioso. Gracias!

– Victor: Muchas gracias Víctor! Ya lo he dicho, estas fotos son mis preferidas… Claro que sí! Rusia se merece otra oportunidad, y espero dársela pronto y de forma espectacular… A ver… Muchas gracias de nuevo!

– José Carlos: Pasear por calles en las que uno no puede dejar de encontrar rasgos comunistas por todas partes no tiene precio. Como ya dije en el capítulo anterior, un viaje a Rusia es un viaje al pasado… Es genial! A que si se parece a Goodbye Lenin?!? heheh Muchísimas gracias por todo y hasta pronto!

Un abrazo a todos chicos, ahora sí, voy a terminar de llenar la mochila y en un par de horas, hacia el aeropuerto!

29 04 2011
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[…] antes de ese momento había muchas más cosas por ver en la ciudad porque com ya comenté en el capítulo anterior, decidimos quedarnos en la capital en vez de visitar alguna ciudad del Anillo de […]

20 05 2011
Viaje a Israel y Palestina. Capítulo 1. « Una vida en Mil Viatges

[…] de Getsemaní) y la Iglesia de María Magdalena, ortodoxa y que me hizo recordar la visita al Convento de Novodevichi, en […]

25 06 2011
Alexy

lindas fotos..

25 09 2011
Una Vida en Mil Viajes » Viaje a Moscú. (Parte 3 de 3. Final)

[…] antes de ese momento había muchas más cosas por ver en la ciudad porque com ya comenté en el capítulo anterior, decidimos quedarnos en la capital en vez de visitar alguna ciudad del Anillo de […]

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