Del caos y el calor de Katmandú a la paz y el frío de Bhután. Primera parte.

22 07 2011

En realidad hace bien poco que estamos en este país pero nuestra visita llega a su fin. Bhutan es un país en el que viajar es caro, muy caro. Pero como sabéis, desde España conseguimos algún descuento que nos ha permitido visitar el país durante 5 días en vez de los 3-4 que teníamos previstos inicialmente.

Todo empezó en el aeropuerto de Katmandú, ese que se asemeja a un instituto de secundaria. Nuestro vuelo de Druk Air, la compañía nacional de Bhutan, no partía hasta las 12.45 del mediodía por lo que no tuvimos que madrugar y a las 9 y media de la mañana, Pasang, el jefe de la agencia nepalesa con la que contratamos el tour nos vino a buscar en el Asmita B&B.

Entonces nos enteramos que él había decidido venir con nosotros ya que jamás había estado en Bhutan. Nos sorprendió pero aceptamos sin dudarlo.

Tras las terroríficas (creedme, lo que viví fue puro pánico) maniobras para aterrizar entre montañas en el Aeropuerto Internacional de Paro, y tras conocer a nuestro guía para todo el viaje, Chimi, nos dirigimos hacia Thimpu, capital de este país montañoso que debe su nombre a la etnia bothia tibetana.

Thimpu, al igual que el Bhutan que hemos podido conocer, es un lugar muy relajado (mucho más teniendo en cuenta que venimos de Katmandú) y en el que uno puede olvidarse prácticamente de encontrarse en la típica Asia caótica que siempre imaginamos.

No obstante, la capital y ciudad más poblada del país es un lugar curioso par empezar a entender la idiosincrasia de un país tan único como es éste. Primeramente, lo que más llama la atención es que la gran mayoría de la gente viste el traje típico nacional, una especie de albornoz tejido para los hombres y una falda parecida a los sarongs para las mujeres.

Más adelante, es imposible obviar que todos y cada uno de los edificios están construidos del modo tradicional, con techos elevados y extenuosas decoraciones ya sean bancos, hoteles, tiendecillas o casas.

Bhutan es un lugar de tradiciones, un lugar en el que simplemente la tradición és actual, quizás incluso, aquí el significado de tradición como algo perteneciente al pasado cultural de un lugar no es posible. Aunque a mi me da, que las cosas están cambiando…

En Thimpu, visitamos en National Memorial Chorten, construído en 1974 en honor al tercer rey de Bhutan (actualmente reina el quinto rey, que en noviembre se casará). Allí, decenas de personas rodeaban dando círculos en el sentido de las agujas del reloj el gran chorten o stupa siempre teniendo en cuenta que hay que tener la construcción al lado derecho. Esto ocurre también con todas las demás estupas del país y por lo general de la zona del Himalaya.

También visitamos el monasterio de Changangkha, que se dice es uno de los más antiguos de todo el valle de Thimphu. En este monasterio, la gente acude en masa cuando los más pequeños de la casa sufren alguna enfermedad o simplemente no puden dormir por las noches. Presenciar en primera persona las oraciones y recitales de libros sagrados por parte de los monjes fue una experiencia muy genuina…

Otra de las paradas que hicimos junto a nuestro guía fue el “zoo” de Thimpu, y digo “zoo” entre comillas porque aquel descampado enjaulado era casi más pequeño que el jardín de casa mi abuela. La razón de ir hasta ese sitio era esencial en cualquier viaje a Bhután: ver el animal nacional, el Takin, una mezcla entre cabra, yak y vaca que nos resultó algo graciosa por el extraño sonido que emerge de su hocico…

Thimpu nos siguió ofreciendo lugares que a simple vista no son muy turísticos pero que resultan esenciales para comprender la realidad del país. La biblioteca nacional fue uno de estos lugares que nos sorprendió positivamente, no por bonita, sino por interesante.

Quizás, una de las cosas más bizarras que vimos fue un esperpéntico Buda de enormes dimensiones en lo alto de una colina. Siendo construido con capital de Hong Kong, se trata de una futura escuela monástica que seguramente, y por lo que pudimos apreciar en medio de las obras, será bastante fea…

Una de las cosas que nos ha despertado más curiosidad y que también pudimos ver por Kathmandú es la gran cantidad de marihuana que crece en medio de la nada en estos húmedos lugares. Como si de malas hierbas se trataran, esta planta tan apreciada en muchos lugares crece descontroladamente e incluso hemos podido ver grandes árboles de marihuana. Sin duda, algo muy curioso…

Pero si me tengo que quedar con una experiencia de todo el viaje a Bhutan, esta es sin duda la fantástica, tradicional, cultural (y mil adjetivos más) tarde-noche que pasamos en casa de unos amigos de nuestro guía.

Todo surgió ya que nos comentó que en Bhutan era tradicional un baño en aguas calentadas con piedras recién sacadas de las brasas. Suponemos que nuestra curiosidad hizo que Chimi, el guía, moviera mar y montañas para conseguir que pudiéramos vivir esta experiencia. Y no se le ocurrió mejor lugar que en casa de unos conocidos suyos, en medio de un pueblecito, el auténtico Bhutan rural.

La primera impresión del lugar fue un poco sorprendente, pero más adelante entendimos que en Bhutan, los penes forman parte de la tradición, siendo símbolos de buena suerte y de fuerza para espantar a los diablos a la par que símbolos de fertilidad.

Cuando llegamos a la casa, las brasas ya estaban encendidas y al poco rato ya me encontraba dentro de una pequeña caja de madera con forma de ataúd y por qué no decirlo, más sucia que algunas callejuelas de Katmandú.

Quizás el verano no es la mejor época para estos baños calientes, pero la experiencia fue fantástica y lo fue más al descubrir que esa noche íbamos a cenar en familia.

Casi 15 fueron las personas del pueblo que se unieron a la cena, intrigados por nuestra presencia allí. Pese a ser una cena de lo más sencilla, arroz y algo de ternera picante, repito; la experiencia fue realmente extraordinaria en el sentido más estricto de la palabra. Nunca imaginé que podría vivir esto en un país tan firmemente controlado a los turistas. Algo que no olvidaré jamás.

Al día siguiente, y aún con la alegría de la noche anterior (quizás el licor local de arroz tuvo algo que ver, porque no creo que fuera culpa del te salado de mantequilla de yak…) nos dirigimos directamente a la ciudad de Punakha, en el distrito con el mismo nombre, más al este del país.

El camino fue realmente duro, pues la sucesión de curvas era constante. Sin embargo, una breve parada amenizó mucho la ruta. Esta parada la hicimos precisamente en el Dochu La Pass, un paso de montaña situado a unos 3.100 metros de altura, la máxima en la he estado jamás. Tras alguna foto seguimos el viaje.

En Punakha teníamos una visita obligada, el precioso dzong de la ciudad. Y me imagino que muchos os preguntaréis qué diablos es un dzong, ¿verdad?. Pues bien, los dzongs, son el ejemplo más típico de la arquitectura butanesa, siendo quizás las imágenes más típicas del país.

Los dzongs son ciudadelas de enormes dimensiones que se reparten por todo el país sirviendo de centros administrativos tanto políticos como religiosos de los 20 dzongkhangs o distritos. Sin entrar mucho en detalles, esto son los dzongs, espacios divididos para el poder político (oficinas, ayuntamientos, juzgados…) y para la religión (templos, comedores para monjes, dormitorios…).

El dzong de Punakha es quizás uno de los más bellos del país, aunque yo discrepo bastante de esta afamada afirmación, como veréis más adelante. Se trata de un dzong totalmente restaurado -como casi todos- pero que sigue gozando de un ambiente místico y medieval que es difícil de pasar por alto.

Cruzar las puertas de un dzong es trasladarse en el espacio pero sobretodo en el tiempo. Uno se puede imaginar sin mucha dificultad como era la vida en estos lugares, y es que era prácticamente como lo es en la actualidad: los monjes pasean durante sus horas de recreo, más tarde se les puede ver cenar, otras veces rezar. Y por otra parte, se pueden ver las oficinas, repletas de papeles, que tratan los temas administrativos del distrito. Como si de una fortaleza con sistema medieval se tratara, Bhutan sigue organizándose así.

Después de un buen rato en el dzong y de comer en un curioso restaurante frente a los campos de arroz (por cierto, creo que aún no he dicho que toda la alimentación en Bhutan ha sido a base de arroz) decidimos improvisadamente hacer una pequeña caminata a través de los campos para llegar a un templo con una historia muy curiosa… el Chimi Lakhang.

El Monasterio de Chimi Lakhang fue construido en 1499 en honor a uno de los personajes más curiosos de la historia de Bhutan, y quizás de la historia en general pese a no ser conocido en occidente, el Lama Drukpa Kunley, más conocido como el Monje Loco. Nacido en el Tíbet, este monje se fue formando con normalidad hasta que de repente y sin explicación alguna, empezó a desarrollar una extrema obsesión por el sexo. Tanto fue así que hasta intentó acostarse con su madre.

Sin embargo, esta extraña obsesión, fue determinante cuando, según la leyenda, mató a centenares de demonios malignos en el paso de Dochu La. ¿Y como lo hizo? Con el pene. De aquí viene la tradición butanesa de usar penes como amuletos para alejar la mala suerte.

Con esta curiosa historia visitamos este templo en el que fuimos nuevamente bendecidos por un monje (al igual que nos ocurrió en Katmandú). No obstante esta vez fue algo más bizarro y es que el monje nos bendijo con tres penes de madera, marfil y hueso dándonos un golpecito con ellos en la cabeza. Hay que ver, qué cosas tan curiosas…

El lugar nos brindó perfectas oportunidades para conocer algo más sobre la vida monástica que los niños, de bien pequeños, ya empiezan. EL contacto con ellos fue divertido aunque difícil, pues la mayoría aún desconocía gran parte del inglés.

Así de contentos, nos fuimos hasta el siguiente y último destino del día, lugar en el que pernoctaríamos, Wnagdue Phodrang. Lógicamente, lo que hicimos en ese lugar fue visitar su modesto dzong, que a mi gusto, fue el mejor de todos los que visitamos.

Se encontraba en su estado original, de más de 4 siglos de antiguedad, sin ni un solo retoque, por lo que su autenticidad me cautivó.

Y es que quizás, son las vivencias que uno tiene en cada lugar las que determinan la cantidad de agrado hacia este, y quizás, historias como la de una chica que quería hacer-se una foto conmigo, o como la de unos monjes que al pasar no hacían más que reír fueron vitales para que el dzong de Wangdue fuera una experiencia inolvidable.

Y así fueron nuestros primeros días en Bhutan, y así ha sido como os los he contado, con un enorme retraso incluído. Pero aún nos quedaba bastante por vivir en este país tan curioso y misterioso del que sin duda, tendré que hablar largo y tendido a la vuelta. De momento, lo que nos espera son los últimos días, en los que como sabéis, visitamos el famosísimo (y con toda razón del mundo) Takshang Goemba. Esto y más, próximamente…

.

Enviado con mucho retraso desde Pokhara, justo a la vuelta de la región del Mustang.

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7 responses

22 07 2011
gonza0

Justo ayer estuve pensando en tu viaje y deseando que publicaras el siguiente artículo.
Muy interesante, como siempre.
Sigue pasándolo bien 😉

22 07 2011
Dany - Lega Traveler

Hola Blai!
Que curioso Bhutan, marihuana salvaje que crece de forma descontrolada, penes pintados en las fachadas de las casas… jajaja Y que curioso el Takin!!
Me están encantando estos relatos en vivo y en directo 😉
Un saludo y a seguir disfrutando

25 07 2011
Helena

No había podido leer este relato y mira que tenía ganas de ver tus andanzas por Buthan.
Menudas tradiciones más “curiosas”. Y que suerte el poder haber intercambiado impresiones con una familia autóctona, teniendo en cuenta cómo se controla el turismo por allí.
Toda una aventura!!
Saludos

26 07 2011
Susana

Hola. He encontrado tu relato del viaje a Bhután en la red. No sé si te acordarás, pero hablamos en el aeropuerto de Katmandú cuando íbamos a coger el avión hacia Paro. Estábamos facturando. Éramos cuatro chicas. Qué gracia.

9 08 2011
De nuevo y por sorpresa… en casa. « Una vida en Mil Viatges

[…] atrás y recuerdo todas las vivencias que estos 31 días de viaje me han ofrecido. Algunas, como el baño tradicional en una casa butanesa, ya casi son recuerdos borrosos, pero otras, como los increíbles paisajes de la región nepalí […]

17 08 2011
José Carlos DS

Que curioso el Takin, que bicho más raro xDDD

Muy bonitos los dzong, se nota que están restaurados, pero aún así, lucen bastante bien 🙂

La historieta de los penes, ya nos la contaste en vivo y directo, desde luego que cosas tienen por allí jaja

Saludos!!!

14 10 2011
Gustavo Noya

Hola viajero !! muy lindo tu diario de viaje y tambien las fotos. Te cuento que tengo planeado ir a conocer Buthan, en mi ruta a la India y Nepal. Me asusta un poco o que comentás que allí todo es caro (diferente en ese sentido a India y Nepal). Te mando un abrazo desde la ciudad de Santa Fe, en Argentina. Gustavo Noya.

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