Momos, carne de yak, 3.800m y un vuelo que nunca llegó (o crónica de unos días por Mustang)

27 07 2011

La cuesta se hacía cada vez más dura y se notaba la falta de oxigeno allí arriba. Parecía que no pero en un solo día habíamos cubierto un desnivel de 1.000 metros. Aunque una cosa estaba clara, todo el esfuerzo estaba mereciendo la pena ya desde el momento en que pusimos los pies en esta región, en el misterioso Mustang.

Esto ocurrió nada más y nada menos que un tal 18 de julio, un día después de regresar del místico Bhutan. Una avioneta nos dejó en la localidad de Jomsom, podría decirse ciudad más importante de la región, en poco menos de 20 minutos, llegando al pueblo a las 7 y media de la mañana. Una vez listos empezamos a hacer lo que haríamos los tres días siguientes, caminar.

Previsores, habíamos planeado en Katmandú una pequeña ruta de trekking por esta zona distribuida en tres días y que nos daría la oportunidad de apreciar varios picos y algunos de los paisajes más interesantes de Nepal. Haríamos, pues, el recorrido entre Jomsom y Muktinath (y vuelta) parando a dormir a la ida en Kagbeni, a medio camino.

La primera jornada fue maravillosa. El paisaje se fue transformando poco a poco en algo de otro mundo, en Marte, en un valle inmenso creado por el anchísimo Kali Gandaki. La soledad fue nuestra principal amiga y es que en todo el trayecto no nos cruzamos con más de 4 viajeros que en su mayoría iban en dirección contraria ya que estaban haciendo el verdadero Circuito de los Annapurnas.

Pero si de algo disfrutamos de verdad fue sin duda el pueblo de Kagbeni. Auténtico como él sólo, este asentamiento de remoto origen es de estilo tibetano, teniendo en el centro un monasterio de color rojo des de el que las vistas a los valles eran sublimes, extremas.

En ese enclave pasamos toda la tarde dando vueltas y más vueltas y sintiéndonos como exploradores o comerciantes en la antigua ruta de la sal entre Tíbet e India. Quizás, y por poner una pega (una sola) tengo que decir que nos nos gustó mucho el ambiente que se respiraba entre la población local. Nos sentimos un poco intrusos, algo que puedo afirmar acabando ya mis días en Nepal, no nos ha ocurrido en ningún otro lugar.

Pues tal y como había llegado el día, llegó la noche y tras ella, el segundo día de nuestra pequeña odisea en el Mustang.

Muy probablemente, el segundo día fue el mejor, no por una ruta fácil sino por los increíbles paisajes que fuimos pasando durante el continuo ascenso hasta Muktinath, situado a 3.800 metros sobre el nivel del mar, lo que en esta región es prácticamente una tontería, pues los picos más altos superan los 8.000m…

Como he dicho, la ruta no fue precisamente agradable y es que desde que salimos de Kagbeni por la mañana temprano no hicimos otra cosa que subir y subir. Nos separaban sólo 11 kilómetros pero 1.000 de desnivel y por si esto fuera poco, un sol abrasador fue fiel testigo de nuestro agotamiento final (y tan testigo que se quiso quedar con nosotros en forma de quemaduras en la cara, cual guiri en la Costa Brava).

Pero como decía encabezando este artículo, el sufrimiento valió la pena Llegamos a Muktinath en un tiempo récord. Récord por la cola, claro, pues lo que normalmente es media etapa de 6 horas, la hicimos en 5.

Pero dejando nuestros méritos atrás, lo que hicimos al llegar a Muktinath fue lo mismo que hacen los centenares de peregrinos, tanto budistas como hindúes, al llegar a este lugar: visitar el templo de Muktinath.

Pero quizás por culpa del cansancio, de los viajes anteriores o de la falta de oxigeno, el lugar nos supo a poco… a muy poco. El famoso templo, ese lugar que nos habían prometido era un lugar de peregrinación tan importante para tanta gente, no era más que un templo más. Otro más, uno cualquiera. Podría haber estado en medio de una carretera, o en un pueblo perdido de la mano de  Dios (ah no! Que eso ya lo estaba…).

Pero bromas a parte, el lugar fue bonito de ver. Era nuestra meta, lo más lejos que iríamos, a lo que aspirábamos y para qué engañarnos, nos sentíamos orgullosos de nuestra pequeña proeza que se había hecho realidad.

Una de las cosas que más me gustó de todo el recorrido es lo mucho que fue cambiando el entorno a medida que avanzábamos kilómetro a kilómetro. Desde el gigante valle del Kali Gandaki  hasta las verdes montañas tapadas de nubes oscuras pasando por zonas casi desérticas y altiplanos enormes. Las nubes coloreando con juegos de sombras las montañas y el sonido del viento. El polvo, la arena, el calor de los días, el frío de las noches…

Tomé allí, en el decrépito albergue en el que nos alojamos en Muktinath, que regresaría. Y que lo haría a través del mítico Thorung La Pass, a 5.416 metros, habiendo recorrido el Circuito del Annapurna. Y es que eso quiero, volver a Nepal, volver a las montañas. Me han cautivado…

Al día siguiente tocaba volver atrás, rehacer el camino de ida, ahora siempre en bajada. Amaneció un día gris, cubierto y con la esperanza (frustrada, por cierto…) de que el cielo volviera a mostrar ese azul intenso manco de oxigeno volvimos en unas horas a Jomsom. En total, contando los tres días, recorrimos 42 kilómetros, una maratón.

En Jomsom no nos esperaba nada bueno. Los vuelos de ese día y del anterior de vuelta a Pokhara se habían cancelado por el tiempo. Sabíamos que esto era muy frecuente durante la época del monzón, por lo que la noticia no nos pilló por sorpresa. Así que con la incertidumbre de si nuestro vuelo saldría o no, nos dormimos hasta el día siguiente.

La esperanza por la mañana era alta, pero rápidamente fuimos viendo que nuestro supuesto vuelo de las 6 no llegaba y ya eran las 7 y pico. Decidimos, conscientes de que el camino iba a ser duro y sobretodo desconocido, volver por tierra a Pokhara.

Algunos decían que había autobuses directos. ¡Mentira! Otros decían que había que hacer 3 cambios. ¡Mentira! Incluso había quien afirmaba que era imposible llegar a Pokhara por tierra, que un puente se había caído incomunicando ambos lugares. ¡Mentira! El único problema es que por aquel entonces no sabíamos las respuestas a estas incógnitas. Sólo sabíamos que desde Jomsom había la posibilidad de coger un autobús local hasta Ghasa, a menos de un tercio del camino de 124 kilómetros hasta Pokhara. Y la pregunta que hicimos irrepetibles veces fue: ¿Y en Ghasa qué? Nadie sabía la respuesta. Literalmente NADIE.

A la aventura cogimos ese bus y 4 autobuses más después, unas 2 horas de caminata por la jungla después, 4 jeeps con 19 personas dentro después y un taxi compartido después, llegamos finalmente a las 8 de la tarde a Pokhara. En total 12 horas de viaje extremadamente loco para recorrer 124km. Y eso que en las últimas 3 horas hicimos la mitad del trayecto, así que imaginaos las 9 primeras…

Muy resumidamente esta fue nuestra experiencia en las montañas, nuestra huida, nuestra escapada de la realidad. La cara B de Nepal, esa tan diferente a la que ya casi no recuerdo Katmandú. Creo que por aquí esto es todo, así que mientras tanto, yo me voy a ir pidiendo unos momos. ¿O un filete de yak?

Mmm difícil elección…

.

Enviado con muchísimo retraso desde Katmandú, disfrutando de su apasionante e inabarcable valle.


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8 responses

27 07 2011
victor asturias

Hola Blai,

Aventura en estado puro !! Una experiencia única, con momentos buenos y otros malos, pero con el tiempo siempre recordarás lo bueno.

Que continúe la aventura !!

Un abrazo y cuídate mucho.

28 07 2011
Victor

Que pasada tio.. te estoy siguiendo más por facebook y flipé con la forma de llegar hasta Pokhara jejejeje… yo no se si se me hubiera ocurrido a mi…

Los paisajes del trekking quitan el hipo… pero como dices… el monasterio deja mucho que desear, aunque el fin con el que se hace la ruta no es ver un monasterio increíble, si no que es la caminata en sí.

Sigue disfrutándolo y te seguiré por facebook… aunque tenga que utilizar el traductor jejeje…

Un saludo!!

28 07 2011
Helena

¡Menuda aventura Blai!
El trekking, espectacular, pero no sé yo qué hubiera hecho con lo del vuelo… ¡Qué odisea!
Un saludo 😉

28 07 2011
Alba Piris

M´encanta Blai!
Deus estar disfrutant tant!
Ara ja em podré passar més per aquí que tindré temps, avui és el meu last day en el Vallès (de fet t´escric des del curro..jijiji)! Als matins em dedicaré a llegir tot detingudament, perquè només he llegit aquesta entrada i ho trobo molt interessant. Tot això que estàs fent té un mèrit increïble i deu aportar tant a la maduresa de cadascú… Estic molt contenta al veure que estàs aprofitant el viatge… t´ho mereixes! Segueix descobrint món!!

T´estimo molt curri!

9 08 2011
De nuevo y por sorpresa… en casa. « Una vida en Mil Viatges

[…] el baño tradicional en una casa butanesa, ya casi son recuerdos borrosos, pero otras, como los increíbles paisajes de la región nepalí del Mustang van a ser imborrables para siempre. Todas ellas, os la he ido contando en vivo y en directo desde […]

17 08 2011
José Carlos DS

Desde luego si alguna vez volvemos a Nepal, el tema de hacer el Trekking será un fijo en nuestro itinerario, que vistas, que lujo pasar por esos puentes y menuda odisea final para llegar a Pokhara, desde como para fiarse del primero que te dice algo allí xDDD

Bueno, poco a poco me voy poniendo al día, que tenía muchas ganas de leer tus relatos 😉

7 09 2011
Mis seis lugares favoritos de Asia. « Una Vida en Mil Viajes

[…] Siempre había pasado calor, mucho calor en Asia. Siempre había estado rodeado de vegetación tropical o al menos, siempre había estado rodeado de verde. No obstante, Asia es un continente tan variopinto que cabe recordar que, a parte de tener muchísimas zonas, también es hogar de la cordillera y el pico más altos del mundo. El Everest y el Himalaya son inevitablemente asociados a Nepal y en nuestro pasado viaje no nos podíamos perder la experiencia de vivir, aunque fuero por unos pocos días, la vida de montaña haciendo un trekking. […]

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